Antirracismo,  Publicaciones

¿Qué ha pasado con el Challenge Africano en Cuba?

Todo comenzó en el mes de abril, cuando la embajadora cubana en Senegal inició un reto en las redes sociales de camino al 25 de mayo “Día de África”. La iniciativa consistía en demostrar, mediante fotos, la unidad de los cubanos y de las cubanas a partir de la herencia africana, “continente lindo, pero poco conocido y lamentablemente estereotipado, que tiene muchísimas cosas que mostrar”.(1)

La primera foto fue la de la propia diplomática, quien llevaba puesto un turbante, y se acompañaba del hashtag #ChallengeAfricano. A pesar de su intención y sus declaraciones, fue inevitable que el reto se convirtiera en un reforzamiento de los estereotipos, en una banalización de la identidad e historia africanas.

Si África es un continente que históricamente ha sido vaciado, oprimido y explotado, entonces es evidente que sus poblaciones siguen siendo vulnerables y, si es así ¿por qué exponerlas? Una fotografía en nombre de la unidad para contrarrestar los estereotipos es un objetivo fallido desde el inicio. Una foto que busque mostrar las raíces africanas es una provocación directa a una caricatura en este mundo estructuralmente colonial, racista y eurocéntrico.

El racismo simbólico(2) es un subproducto del racismo estructural, institucional y cultural, y es de los que pasan más desapercibidos. Tiene su fundamento principalmente en los prejuicios estereotipados y culturales que históricamente les han sido atribuidos a determinados grupos étnicos. Los valores y las tradiciones de estos exogrupos no son asimilados con respeto, ni tomados en cuenta como iguales a la cultura dominante. Más bien a estas costumbres culturales se les deshumaniza y se les exotiza, por lo que pueden llegar a ser cosificadas con facilidad, convirtiéndolas en un juego, en un divertimento, en una ridiculización y en un irrespeto total. Pero estos fenómenos no suceden si no preexiste una noción de inferioridad, de desvalor o de utilitarismo.

En el caso de este tipo moderno de racismo, la experiencia de quien lo comete no pasa por la discriminación explícita atravesada por discursos de odio. De ahí que la expresión del prejuicio y del desvalor sea subyacente y difícil de reconocer. De hecho, son personas que abiertamente se manifiestan a favor de la igualdad, sin embargo, perciben un símbolo en la persona negra, y ese símbolo está, en mayor o menor medida, cargado de prejuicios negativos. 

Este nuevo racismo se refiere a aquellas actitudes, comportamientos y creencias encubiertas que colocan al exogrupo en una categoría menor. O viceversa, y de esto se habla menos, cuando el grupo dominante culturalmente se coloca en una posición superior de manera tal que se permite a sí mismo tomar los elementos culturales de las poblaciones racializadas, con fines utilitarios y en su beneficio, sin importar la dignidad y el criterio de los exogrupos.

Otro ejemplo, la negación rotunda de tales comportamientos racistas con la justificación de que tienen personas negras que aman a su alrededor, y esto es, a partir de lo explicado anteriormente y de manera indiscutible, una derivación del racismo simbólico. 

Con la tolerancia a este tipo de racismo y con las alianzas entre quienes se sienten más ofendidos por las denuncias de los activistas que los propios grupos humillados, solo contribuimos a su perduración. Con la argumentación facilista de que era solo un chiste, antes que revisar todo lo racista que hay en ese “chiste”, solo naturalizamos ese racismo simbólico.

Las imágenes editadas de las personas negras en internet están cargadas de bullying, de estereotipos, deforman las identidades negras, distorsionan las culturas africanas y de la diáspora para causar risa a propósito de nuestros cuerpos negros. Todavía la prensa escrita y digital tienen el enorme reto de no incluir imágenes y narraciones racistas en sus artículos. Todavía los medios masivos de difusión transitan el largo camino de desestereotipar a las personas afrodescendientes en sus contenidos. Las novelas, los teleteatros, los programas de humor, las películas, etc. lastran, al día de hoy, la folclorización y la vulgarización de los personajes negros.

En eso se convirtió el #ChallengeAfricano, en un espacio para el reforzamiento del racismo simbólico.

Usar un atuendo tradicional (cuando nunca se emplea) y tomarse una foto para celebrar el Día de África es utilitario. Si queremos homenajear al continente saqueado y demostrar que tenemos en común una herencia negra, investiguemos sobre ese legado, respetemos las culturas y aprendamos más. Mejor aún, hablemos de racismo, de sus nuevas formas disimuladas en que se manifiesta. Busquemos lecturas que hablen de la historia que hicieron también las personas negras. Tengamos en cuenta las investigaciones sobre estos temas y a la comunidad de activistas antirracistas que incansablemente nos enseñan cómo podemos hacerle tributo al continente madre.

Lo digo, porque así lo hice. Además de esta reivindicación.


1- http://www.cubadebate.cu/noticias/2020/05/15/challengeafricano-es-muy-dificil-que-un-cubano-no-tenga-su-propia-historia-con-africa-fotos/#.XsffGWhKjIU

2- El concepto de Racismo Simbólico presenta otros componentes en su manifestación que no se abordan en el presente texto. Solo tomé aquellos rasgos que se relacionan con el tema.

Publicado en Revista Afroféminas: https://afrofeminas.com/2020/05/23/que-ha-pasado-con-el-challenge-africano-en-cuba-2/

Republicado en Negra Cubana Tenía Que Ser: https://negracubanateniaqueser.com/2020/05/23/que-ha-pasado-con-el-challenge-africano-en-cuba/

Republicado en Rebelión: https://rebelion.org/que-ha-pasado-con-el-challenge-africano-en-cuba/

Madre, mujer negra, migrante, feminista y zurda. Nacida en Cuba. Abogada y militante. Ahora escribidora

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