Reflexiones

Para hacer una muralla

“La pandemia azota Cuba”… es lo primero que leo en un video editado por DW, y pienso lo siguiente:

México vive la tercera ola de picos de contagios. De sus 32 Estados, en 12 circula la variante Delta, la población joven y les niñes son ahora los más afectados y, estando ya de vacaciones y sin la movilidad restringida, nuevamente la gente entra en un estado de precaución mas no de alarma. Entendible. México tuvo más de 1’500 muertes por día a principios de 2021, en la segunda ola, superando la tasa de mortalidad de la India y colocándose en el tercer país con más muertes. Era alarmante y hubo reacciones de todo tipo, desde los que seguían sosteniendo que el virus no existía, pasando por los antivacunas, las personas con miedo a salir y al contagio y quienes se aprovecharon para denostar la gestión del presidente y su partido (algunos medios con razón y otros con intenciones instrumentales; unos con verdadera preocupación para con lxs mexicanxs y otros bajo una agenda política de derecha).

Si rememoro más, durante la primera ola, hubo compras de pánico, redes de pánico, noticias de pánico, comentarios de pánico. El personal médico protestó y exigió ayuda, las redes se saturaban de videos con gente mal-atendida, des-atendida y con centros de salud abarrotados e improvisados; los recursos no alcanzaban, no había guantes, ventiladores, el personal de salud sufría un agotamiento severo, no se le garantizaba todos los insumos, la gente moría y, además, médicxs y enfermerxs eran atacadxs y agredidxs en la vía pública, es decir, se desencadenó una espiral de violencia contra el personal de salud que, por suerte, fue contenida a tiempo. También comenzó a llegar ayuda de otros países, donaciones, y recursos para contener la pandemia. Sin embargo, lo más importante seguía siendo el “quédate en casa”, lavarse las manos y usar tapabocas.

En aquellos meses escribí que este colapso mundial se debía a las políticas neoliberales que moldeaban los sistemas de salud pública de los países. Es una verdad, pero incompleta: la pandemia, el virus, sus nuevas variantes, las polémicas con las vacunas, etc., también incidían en este desbordamiento (alarmante, paniqueo o preocupante según se manejara) de contagios y muertes. Forma parte de, y es intrínseco a, una pandemia.

A Cuba llegó la Covid-19 hace más de un año pero, es solo mi opinión personal, ahora es que se vive un pico de contagios comparable como los que vivió el resto del mundo hace meses. Los mecanismos de contención implementados por el gobierno habían funcionado en términos sanitarios, pero, estamos en una pandemia. Esto, se sabía, iba a suceder. El contraste más fuerte resulta de nuestra prensa triunfalista, que nos ha venido señalando (históricamente) como la excepción a todo sin aterrizar en que no existe país preparado al cien por ciento para enfrentar una pandemia de estas características sin desmanes, sin colapsos ni crisis. Y esto ha creado una fuerte expectativa de infalibilidad, lo cual es falso.

Si se lee ahora sobre Cuba en las redes se percibe la misma sensación que describí antes: alarma, pánico, desestabilización, desorganización. Si se leen los comentarios sobre Cuba se repite lo mismo: demoras, subregistros, el gobierno miente, el gobierno no sirve. Si se buscan a los “portavoces” más mediatizados se encontrarán peticiones a la ONU y a otras instancias internacionales de “intervención humanitaria” con un claro fin proyanqui que instrumentaliza esta desgracia. Si buscamos con más profundidad, entonces se verá a miles de cubanes organizándose para ayudar, haciendo, articulándose, poniendo su granito de arena, con donaciones, con trabajo, con sacrificios, con desvelos, en todo el amplio espectro que conforma una nación (desde las personas que se han activado ahora, hasta las que, en las instituciones y como población, están en este batallar desde marzo de 2020 incluyendo por supuesto a todo el personal del sector de la salud: la que limpia, la que inyecta, la que hace guardia, la que trabajó en la vacuna, y digo “la” porque la gran mayoría son mujeres). Cuidado con invisibilizar a cualquier parte de todo ese “hormiguero”.

Claro que había gente esperando este momento para hacer su show y su circo de derecha opositora, antiinstitucional y antigobierno. Claro también que habrá quien esté advirtiendo todo el tiempo acerca del peligro nacional que implica la solicitud de una intervención y del dramatismo internauta. Por supuesto que en la situación de Matanzas (y de otros lugares que no han sido viralizados hasta el momento) la administración del gobierno fue fallida y errática, y que los responsables deberán asumir estas consecuencias. Es decir, no estamos exentos de pujas políticas, unas tendenciosas y otras legítimas, menos Cuba. No obstante, la canalización armónica de los esfuerzos entre gobierno y ciudadanía será de las cosas más hermosas y útiles que podremos ver como nación para salir lo menos afectados posibles.

Mientras tanto ¡hay mucha gente, dentro y fuera de Cuba, haciendo todo lo que pueden!

Sí, hay que estar alertas a todas las manipulaciones. Intervención, ninguna. Ayuda, toda la que se pueda. El pánico, entorpece, así que midamos los decibeles de nuestros posteos, por favor. Sin el gobierno no se puede apalear una crisis sanitaria de estas magnitudes, por favor.

En estos momentos recuerdo al poeta: para hacer una muralla (humana, vívida, palpitante y solidaria), tráiganme todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos…

Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
 
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel…
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés…
—¡Cierra la muralla!
 
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…
 
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte… 
Nicolás Guillén, Ana Belén y Víctor Manuel en la UNEAC

Poema: La Muralla de Nicolás Guillén

Imagen: El mestizaje de Oswaldo Guayasamín

Madre, mujer negra, migrante nacida en Cuba. Abogada, militante feminista y antirracista. Comunista en el "Reino de Todavía". Ahora escribidora

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *