Mujeres en La Realidad

Desafíos para las feministas ante el 8 y 9 de marzo mexicanos

Me agregaron a un grupo de whatsapp por motivo de la organización de la marcha del 8M. Solo conocía a una de sus integrantes, al resto, en absoluto. Todas bien entusiasmadas, la mayoría sin experiencia en marchar, con muchas dudas, con ganas de expresarse y compartir, un hormiguero de ideas en las primeras 24 horas. Por un instante fue emocionante ver cómo mujeres desconocidas entre sí, trataban de organizar un punto de encuentro, vestimenta, consignas, y “reglas” para manifestarse en contra de la violencia de género, aunque con ello también comenzaron a demostrarse las diferencias.

“Vamos vestidas de verde (pro aborto) y morado (contra la violencia)”

El debate en torno al color comenzaba a definir la heterogeneidad de la marcha que se avecina. El verde fue un punto de dilema. No todas las participantes estaban a favor de legalizar el aborto, aunque tampoco se definían expresamente como pro-vidas. Alegaron sobre el color negro y rosa asociados al luto y a la feminidad, respectivamente, más escasamente sobre el blanco porque es pacífico.

Y los colores terminaron convirtiéndose en partidos políticos.

“No hablemos de partidos políticos aquí por favor”

Bajo el imperativo de acudir en masa multitudinaria a la marcha, se comenzó por pedir que no hacía falta expresar la filiación partidista con el propósito de evitar conflictos y divergencias. El llamado a la unidad era lo inminente, lo demás era colateral. Y el punto de unión es que éramos todas mujeres.

¿Todas mujeres?

“Pero este es un chat mixto o separatista”

Se aclaró que la marcha será mixta, por lo tanto el chat podía ser mixto, mujeres y hombres organizando el 8M, o al menos este grupo que tenía más de 170 compañeras, así lo quería plantear.

Seguidamente algunas mujeres abordaron la imposibilidad de agregar a los hombres al chat, no por la naturaleza de la marcha ni por las razones de quienes la convocaron, sino por lo caótico que podría resultar: si entre mujeres aún no se había podido decidir hora y lugar del punto de partida, peor sería con hombres.

“Por favor, no agreguen contenidos políticos, separen lo político de la marcha”

Con el reenvío de enlaces sobre la génesis de la marcha, la naturaleza del 8 de marzo, la expresión del contenido político de la misma, genealogía e historia feminista, varias mujeres comenzaron a indicar que quedaban prohibidos estos temas de lo contrario mucha gente se iría del grupo como ya estaba sucediendo.

El debate entre posturas de izquierda, de derecha y el delirio de una marcha “apolítica” terminó con la salida de la mitad del grupo.  A mi parecer, las feministas que compartíamos criterios, posturas y lecturas, fueron las primeras en irse del chat, incluidas las administradoras que las iniciaron.

Reitero, esta no será una huelga como la del año anterior marcada por la petición del derecho a un aborto libre, gratuito y seguro, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, y además por la denuncia del incremento de la violencia de género. La que estuvo nutrida principalmente del movimiento feminista mexicano.

En esta ocasión las pujantes manifestaciones (sí feministas) en los últimos meses, en contra de la violencia de género, además de los logros fácticos y legales a los que llegaron, también llegaron a visibilizar el hartazgo, sensibilizar a mujeres no feministas en este particular e irradiar el impacto de la violencia de género hacia otros sujetos fuera del movimiento.

No solo eso, también esa pujanza válida, ineludible y certera, está provocando intentos de cooptación por parte de partidos políticos, iglesias, y un sinfín de organizaciones y entes que siempre han fungido en contra de las demandas del movimiento feminista mexicano.

Y ¿qué se hace con eso?

Si analizamos las actoras políticas, las sujetas históricas, llegamos al punto que siempre ha sido una fecha organizada y movilizada por las feministas. Y esta no será la excepción. Sin embargo, al llamado de “señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”, pues, al menos para este año, muches indiferentes decidieron no serlo.

Cuantificar las personas que lo harán con fines genuinos a las que no, es imposible. Y también tiene que llegar a ser imposible que abandonemos la dirección como feministas, callar, ceder, dejarse cooptar. Como sucedió en ese pálido ejemplo de un chat de menos de 200 mujeres.

Existirá un bloque de mujeres que no se identifican con el feminismo pero que no aguantan más el miedo por un país en crisis con la seguridad y garantista de la impunidad. Estarán las que, aprovechándose del movimiento, se manifestarán en contra de violencia de género aunque también en contra del presidente debido a sus últimas declaraciones, oportunistas de todos los partidos se subirán a nuestro discurso y marcharán. Y, claro está, estarán presentes las que históricamente le han dado el pecho al Estado feminicida: las feministas.

Tenemos un desafío quizás nunca antes escrito: trabajar con toda esa heterogeneidad, marchar con toda esa masa ecléctica, y entonces quizás, aprovecharla para decir que no somos las únicas hartas, para empujar una respuesta de las instituciones, para seguir creando agenda política. Como la marea verde en Argentina, el eje es el derecho al aborto, impulsada por las feministas, pero no todas las participantes se identifican como tales.

Claro que la contradicción es latente: el llamado a la sensibilización y al despertar de la sociedad civil en general, contra un despertar diferente al que se tenía “planeado”. Es un reto, dinamitarse con algo no planteado, no planificado por el movimiento. Encontraremos los caminos, convertiremos las amenazas en oportunidades, planearemos estrategias con un universo que siempre ha sido el mismo, pero nunca debemos abandonar la dirección, nunca quedarnos calladas.

Las contradicciones del 9M

Este año se adicionó el 9 de marzo en la agenda como un día para parar. Según las respuestas que encontré, no se puede parar un domingo, se necesita parar un día entre semana, en este caso, el lunes. Pero ¿quiénes hacen este planteamiento de día, condiciones y rubros en los que se puede parar?

No puedo evitar verle una génesis clasista al paro convocado. Un lunes para que las oficinas y los comercios (aunque también los hogares, pero en los hogares se para cualquier día) se vacíen. No consumir, para que duela el dinero dejado de generar por mujeres. No conectarse a las redes ni navegar en la web, para también pegarle duro a la industria del internet. Evidentemente hablan mujeres insertadas en un mercado laboral regular, con capacidad económica de consumo y conectividad. A grandes rasgos.

Si bien en la genealogía feminista los paros son recientes y han tenido resultados medibles, también no se puede perder de vista que nacieron en países europeos, primermundistas, donde el contexto es significativamente distinto al panorama político y social latinoamericano. Quienes más han abordado la raigambre colonizadora, racista y clasista de los paros han sido las feministas comunitarias, las decoloniales y las afrofeministas.

No es un ejercicio banal salir de esa cierta zona de confort del feminismo hegemónico en los paros y repensarse el mundo de mujeres que dejamos fuera. Cuestionarnos y reanalizarnos no puede dejar de ser cotidiano. Parar porque podemos. También mirar todo lo que no representamos. Todo lo que el paro no puede parar.

Notas al pie

Alternativas: Un día de paro (pero de paro de nuestros privilegios) podremos organizarnos y salir a documentar todas las mujeres que no pueden hacerlo y porqué. Organizarnos y visitar a las comunidades más cercanas para escucharlas, no para darles recetas. Crear plataformas donde se registren las historias de esas mujeres silenciadas. Sentarnos a dialogar con todas las que contratamos (si fuera el caso). De los espacios comunes y de encontrarnos salen los acuerdos para las acciones. Tejer nuevos rumbos, y nuevos “paros”.

Otras miradas: https://glefas.org/etiqueta/paro-de-mujeres/ https://afrofeminas.com/2018/03/05/porque-afrofeminas-no-se-suma-a-la-huelga-feminista/

Foto de cabecera tomada de Resumen Latinoamericano

Madre, mujer negra, migrante, feminista y zurda. Nacida en Cuba. Abogada y militante. Ahora escribidora

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